Sunday, November 18, 2012

Poesía, entre la divinidad y la muete

No me deja de sorprender la posibilidad de expresión en la poesía. Esta semana encontramos al poeta chileno Vicente Huidobro con su libro Altazor o el viaje en paracaídas, originalmente publicado en 1931. La obra dividida en siete cantos inicia con un prefacio que mezcla prosa con verso. Entre los muchos temas que introduce Huidobro desde el inicio de su libro, resaltan a mi atención el énfasis que pone sobre la muerte y lo divino.

Huidobro comienza su prefacio en referencia a la muerte de Jesús: "Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo" (55). Desde la primera oración tenemos una fusión entre muerte y divinidad, la cual para Huidobro marca su nacimiento, quizá como la creación de una poesía que necesita de ambas fuentes. Esto vuelve a aparecer con el paracaídas, signo de aventura o viaje, que parte del cielo (divino) para ir a la tierra (muerte). Como explica el poeta, el salto del paracaídas es "la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae" (55). Interpreto que Huidobro busca un alejamiento de lo divino para lanzarse a lo desconocido, a los misterios de la muerte. Es una poesía que emerge de esta aventura existencial, y que se aparta de lo divino para enfrentarse por sí sola a la vida y la muerte, ya que decide arriesgarse con el paracaídas, o la pluma creadora en este caso.

Huidobro agrega, "Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte" (55). En el mundo onírico del poeta, encuentra a Dios, de quien escucha hablar: "Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador" (56). Aquí vemos una crítica a la concepción de la divinidad en la religión que censura la expresión poética del humano, la cual ofrece una creatividad sin fronteras, que va mucho más allá de las palabras bonitas que suenan bien en el oído, o de sentido puramente acariciador. Pero, mucha poesía partió como un arte divino; lo que hace Huidobro es caer en su paracaídas del cielo de la poesía de decoro, para crear su propia expresión.

El poeta, en salto a la muerte, se da cuenta del significado de la poesía. "Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o agonía" (57). En otras palabras, la poesía es mortal, no tiene un fin establecido, sino que puede causar sentimientos diversos. Es mortal porque se consuma, sale de un autor y llega a un lector. No debe ser interpretada como algo divino para que así alcance cualquier sentimiento en la mente de autor y lector. El estremecimiento puede ser visto como un evento existencial, una chispa que nos saca del tiempo del reloj.

Como la muerte, la poesía tiene su propio eje significativo y temporal, lleno de posibilidades. Como dice Huidobro, "Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser" (57), pero que llega a ser en la mente de aquellas personas con imaginación por explorar, y que nunca terminan su habilidad de sorpresa ante la vida, en el salto a la muerte.

Huidobro, Vicente. Altazor o el viaje en paracaídas: Poema en VII cantos. En, Altazor. Temblor de Cielo. Ed. René de Costa. Madrid: Ediciones de Cátedra, 1981.

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