La historia se repite... Aunque grandes y pequeños cambios escapan al ciclo histórico en que hemos caído, lo que sucede en una parte del mundo hace quinientos años pueda que esté sucediendo ahora mismo en otra dirección del brújula. Por alguna razón que estoy tratando de comprender, esto es lo que me viene a la cabeza cuando pienso en la discusión que comenzamos el martes pasado en nuestra clase de La Máquina Cultural. Preguntamos, ¿nos corresponde teorizar literaturas indígenas? Aquellos que muchos de nosotros (me incluyo) de alguna u otra manera hemos participado en la explotación constante y sonante que se ha repitido desde los tiempos de la colonización.
¿Por qué digo que nosotros también tenemos la culpa? Por atenermos al cambio, por no cooperar en una justa división de recursos que empiece a sanar la herida que no deja de sangrar. Miren dónde vivimos: en un país que no ha aceptado que la tierra fue expropiada a otros, que no quiere pagar por lo robado. Mi casa que llamo mi casa es una construcción sobre tierra que muchos años atrás fue de una comunidad de gente que conocía dónde vivía, que sabía qué plantas y frutas crecían en la región, y qué animales cazar en el bosque. Y eso es solo en el país donde ahora vivo, ni siquiera estoy hablando del lugar donde crecí, Nicaragua. El nombre mismo. Nos dicen en las escuelas que un cacique que se llamaba Nicarao salió a recibir a los españoles que llegaban a las zonas, y que el español le dió su mano y todo fue paz para siempre (!). ¿Por qué nunca me levanté para decir que eso suena a la peor mentira con quien alguien pudo salir?
Me siento culpable. Me identifico con el protagosnita de Los Pasos Perdidos de Carpentier, que empieza comprender la falacia de vida que llevaba en la ciudad. No sé si es mi papel ahora imitar a Ernesto Cardenal con sus poemas de Los Ovnis de Oro y cantar a aquellos que alguna vez vivieron aquí. No son mis cantos. No es mi idioma. No los puedo usar para mi gusto y ajonto. Es lo que temo con la teorización. No sé cómo trabajan ustedes en sus ensayos; lo que yo hago es que comienzo con alguna idea y de ahí saco otras y al final trato de poner todo junto, tratando de ver si lo que pensé al final se identifica con el primer pensamiento. Si no se conectan, mucha veces caigo en la salida fácil de "usar" teorías para que todo se conecte perfectamente. Eso ya no puede suceder. Ahora estoy en un curso que me desafía a pensar de otra manera (lo que me encanta de la universidad).
¿Pero todo lo que voy a hacer es simplemente cambiar como escribo mis ensayos? No lo puedo dejar ahí. Recurro a Marx y su onceava tesis de Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo." Tengo que participar en el cambio. No dejar que la historia se siga repitiendo. Levantarme y actuar. Lo cual no significa que al hacer algo o lo otro me voy a quedar sin ninguna culpa. No. Lo que pueda hacer no lo haré por mí; es por otros, por todos.
Aprendamos de los españoles. Muchos de ellos están haciendo su parte. Mirénlos actuando:
(http://politica.elpais.com/politica/2012/09/25/album/1348574023_950325.html#1348574023_950325_1348590867).
Claro, hay otros que no... La historia se repite.

Celebro las preguntas, los cursos que nos cuestionan, la auto-reflexión, el dilema entre teorizar y actuar. Desde mi experiencia, le apuesto al equilibrio... Diseñar un curso que incluya estos textos que estamos trabajando es ya una forma de "actuar", también ir más allá de la academia y construir otro tipo de proyectos: http://waterandpeace.wordpress.com/
ReplyDeletePosible camino: "descolonizar el lenguaje"... En vez de hablar en "pasado" de las comunidades originarias del Abya-Yala, hablar en presente, "des-idealizar", desestabilizar las historias oficiales, ahí vamos.