En La Isla que se Repite: El Caribe y la perspectiva posmoderna, Benítez Rojo presenta el Caribe como un meta-archiépelago formado de una isla que se repite sin imitación, y que carece de centro o límites (xiii). La repitición a la que alude Benítez Rojo, es importante notarlo, es cada una original, "cada copia distinta" (xiii). En otras palabras, la repetición implica además diferencia, lo cual se basa en la filosofía expuesta por el filósofo francés Gilles Deleuze (de quien Benítez Rojo también usa su concepto de la máquina) en su disertación de doctorado Diferencia y Repetición. Para ponerlo en los términos del primer párrafo, repetir un paso de baile no significa imitar, sino que como comprenderán, cada paso de baile es distinto del previo y del siguiente. Cierto, se parecen, pero no son los mismos. Aquellos muy metidos en la salsa, también saben que la improvisación también entra en el baile, y con esto la diferencia se eleva.
En cuanto a centro y límites, el Caribe de Benítez Rojo no puedo tener uno ya que establecer tales normas significaría en analogía un destino (centro) y un fin (límite) para el meta-archiépelago. Normas históricas y geográficas destruirán el sabor caribeño, al cual Benítez Rojo se refiere como el andar "de cierta manera." El autor cuenta cómo sus primeras memorias de la niñez proviene de los tiempos de la llamada crisis de misiles de octubre entre Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba. El niño Antonio, relata el adulto Benítez Rojo, se asomó a la venta asustado por el alarma nuclear, pero la calma volvió a Antonio cuando "dos negras viejas pasaron de cierta manera" bajo su balcón (xiii). La "cierta manera" de su andar es imposible de describir para el teorista, pero es el mismo toque que encuentra en la composición original y repetitiva del meta-archiépelago que imagina como el Caribe. El andar de las mujeres significó para el niño el fin del apocalipsis que tanto se vendía y del que tanto se hablaba por la radio, le recordó que el fin no entra dentro de la vida en la isla cubana.
¿Es el sabor latino y/o caribeño al que alude Benítez Rojo con su "cierta manera"? Podríamos decir que sí porque se necesita de un ritmo muy original pero no imitativo para que sea notado por otro. Como bien decían Celia Cruz, la vida es un carnaval. Cubanos los dos, Benítez Rojo y Cruz encuentran un Caribe en el que el apocalipsis o límites a la existencia no existen. Esto es lo que todos debemos recordar cuando bailamos, que nuestros cuerpos se pueden mover con el ritmo de la vida, y la vida misma con el polirritmo del cuerpo. De cierta manera se compone el Caribe, un caos de donde nacer cada quien con sus propias diferencias...
Benítez Rojo, Antonio. La Isla que se Repite: El Caribe y la perspectiva posmoderna. Hanover, NH: Ediciones del Norte, 1989.
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